Sectas y detectives: la Iglesia de Satán

Iglesia de Satán
Imágenes tomadas de la web oficial de la Iglesia de Satán

      Con toda seguridad, el lector que haya recibido en su correo el aviso de un nuevo post en nuestro blog, o haya llegado hasta estas líneas a través de nuestro perfil de facebook habrá sentido una curiosidad morbosa al ver tanto el título de la entrada, “Sectas y detectives: la Iglesia de Satán” como la fotografía que la acompaña, la de su fundador Anton Szandor Lavey.

         Crímenes sangrientos, misas negras que parodian los rituales cristianos, aberraciones sexuales y demás incitaciones a la violencia y la perversión son ideas que acuden a la mente de cualquier lector, influido probablemente por series de televisión como Mentes Criminales o historias más conocidas como las de Charles Manson.

Anto Szandor Lavey
Anto Szandor Lavey

      Nada más lejos de la realidad. Un vistazo a la página web de la Iglesia de Satán deja claro que se trata de una organización filosófica, que ciertamente sí adapta una estética y una parafernalia relacionada con la figura de Satán y el satanismo, pero que se declara atea, materialista e iconoclasta, y que rechaza abiertamente cualquier actividad ilícita relacionada con la idea convencional de satanismo. Proclaman una filosofía contraria al igualitarismo, defendiendo la prevalencia de los más fuertes sobre los más débiles, la ausencia de dioses o destinos irresolubles, o el relativismo moral, cuando no defienden directamente la amoralidad. Una filosofía con la que uno podrá comulgar o no, pero que en realidad no tiene nada que ver con el satanismo popular que todos tenemos en mente.

       Hace hoy exactamente cincuenta años, Anton Szandor Lavey fundaba la Iglesia de Satán. La fecha no es casual, ya que en la noche del 30 de abril a 01 de mayo se celebra en pueblos centro y noreuropeos (Lavey era norteamericano originario de Ucrania) la noche de Walpurgis, celebración originalmente pagana de origen germánico, que adoraba a los dioses de la fertilidad. La distorsión histórica que sufren todas las tradiciones a lo largo de los años acabó por transformarla en una noche de brujas, en la que se celebraba un supuesto cumpleaños de Satanás. Un símbolo muy evidente de la filosofía de la Iglesia, pero nada más que un símbolo: como cualquier otra organización religiosa y/o filosófica, la Iglesia de Satán gusta de revestirse de símbolos y parafernalia propia.

         Como dice un dicho popular, las apariencias engañan. El aniversario de la Iglesia de Satán nos ha servido para iniciar un post referido a sectas, por aquella imagen icónica que puede tener el lector de los grupos sectarios como un grupo de individuos más o menos numeroso que se reúnen los fines de semana para sacrificar vírgenes.

Satanás existe, sí. Pero ni tiene rabo ni huele a azufre.

      Existen, en efecto, crímenes con una supuesta inspiración satánica de los que cualquier amateur en temática criminológica tiene pleno conocimiento: paradigmáticos resultan los casos como Charles Manson o Richard Ramírez, y con seguridad, podrá también encontrar referencias a grupos homicidas (normalmente delincuencia organizada que utiliza el satanismo como vía de iniciación) que actuaran en nombre de Satán, pero la realidad es que la mayoría de crímenes relacionados con esta figura han sido provocados por individuos psicóticos quienes presos de sus delirios actúan bajo el paraguas del satanismo.

       Más inquietantes resultan aquellas actividades realizadas por sectas destructivas, quienes no solo se despojan del atributo “satanista” sino que habitualmente adoptan otros más cercanos a religiones o filosofías socialmente aceptadas, aunque desvirtuando el concepto inicial y acercándolo a las premisas sostenidas por el líder o líderes de la organización, habitualmente de corte catastrofista salvo para los adeptos al grupo, quienes tienen que probar constantemente y de forma cada vez más intensa su adhesión a la causa. El destino suele ser la destrucción de la personalidad propia el aislamiento social exceptuando el entorno de la secta. El líder, o los líderes, autoproclamados como iluminados por determinada entidad o creencia, se convertirán en los guías físicos y espirituales de los adeptos, empleando para ello todo tipo de medidas cohercitivas, desde el expolio económico hasta los abusos sexuales.

       El fallecimiento del profeta Victor Houteff  en el año 1955 supuso en su organización religiosa una serie de luchas clandestinas por el liderazgo que en los años posteriores darían mucho que hablar. Años antes, Houteff había dejado la Iglesia Adventistas del Septimo Día para fundar su propia iglesia, la Iglesia Davidiana de Adventistas del Séptimo Día, más conocida como los Davidianos. Tras una serie de disputas internas, su lugar fue tomado por Vernon Howell, quien cambiaría su nombre por el de David Koresh. Koresh, quien afirmo en sucesivas etapas haber recibido el don de la profecía, ser la reencarnación de Ciro II el Grande y finalmente, el nuevo Mesias. Su discurso fundamentalista, basado en el Antiguo testamento, consiguió atraer la atención de decenas de adeptos quienes aceptaban la voluntad del Señor a través de la palabra de Koresh. Paralelamente, Koresh acumuló en el rancho de Monte Carmelo, a las afueras de Waco, un ingente arsenal destinado a defenderse cuando el “Mal” tocara a sus puertas. Y en efecto, el mal tocó a sus puertas en forma de FBI, que acudió preocupado por el cariz que tomaba el asunto y fue recibido a tiros, resultando cuatro agentes y diez integrantes de la secta fallecidos. El asedio que dio inicio ese día es historia, y fue visto por muchos a través de la televisión. Finalizó el 19 de abril de 1993, cuando los asaltantes lograron acceder al rancho, ya en llamas, y observar los cadaveres calcinados de más de ochenta personas. David Koresh, en cambio, había fallecido de un disparo en la cabeza.

     El reverendo Jim Jones fue una figura popular y polémica en la California de los años 60. Fundador de una organización de inspiración pentecostal, Jones fue un activista contra el racismo y la discriminación, abierta y ferozmente comunista, que renegó de la Biblia y proclamó su propia divinidad. En el año 1977, perseguido por la polémica y los enemigos que se había granjeado Jones marchó a Guyana con 900 de sus adeptos donde estableció la comunidad de Jonestown, hecha a su imagen y semejanza: colectiva, multirracial y autoritaria. Nuevamente, la amenaza de un inminente Apocalipsis encabezado por un Anticristo disfrazado de capitalismo, y filtrado por las exigencias del líder supremo, sirvió de pretexto para un amplio catálogo de abusos sexuales, explotación laboral y torturas. En noviembre de 1978 el congresista norteamericano Leo Ryan, incrédulo con la idílica situación en la comunidad voló a Jonestown, comprobando que varios de los adeptos no permanecían en la misma voluntariamente. Cuando intento regresar a su avión con varios de ellos, fue acribillado a balazos por Jones y sus seguidores. Conociendo cuales iban a ser las consecuencias de ello, Jones promovió un suicidio masivo por ingesta de cianuro, que disfrazó de “acto revolucionario”. Más de novecientas personas fueron encontradas muertas, aunque posteriores investigaciones han señalado que aproximadamente una tercera parte murió por disparos.

         Un apocalipsis cercano que crea el miedo y una inspiración divina que aporta la solución. Una fórmula demasiado atractiva para que personas habitualmente predispuestas al temor a un destino incierto o necesitadas de algún alivio existencial no sucumban al atractivo de un líder carismático e iluminado que muestra el camino a seguir.  Casos como el de los Davidianos o Jim Jones son los más paradigmáticos de como un grupo religioso o filosófico pervierte sus creencias iniciales para adaptarlas a los instintos criminales de su líder aunque afortunadamente son excepciones, pero en criminología, como en cualquier ciencia social, los absolutismos no existen: ni todo son psicópatas, ni todo son ángeles. La inmensa mayoría se encuentra en los tonos grises intermedios, y es ahí donde el profesional, o sencillamente, el público en general deberá tener un ojo abierto.

¿Puede un detective privado investigar sectas?

          Buena pregunta. La actual legislación no puede ser más restrictiva con los detectives privados, como ya hemos manifestado en posts anteriores de este blog. Se nos prohíbe de forma expresa la investigación de delitos públicos, y si bien se nos permite la investigación de hechos privados, no se nos proporciona absolutamente ninguna herramienta para ello que no sea accesible al público en general, lo cual nos obliga a luchar contra viento y marea para lograr el buen fin de nuestro trabajo. El concepto excesivamente restrictivo de legitimidad también dificultará nuestro trabajo: investigar una secta vendrá habitualmente solicitado por familiares de un adepto, quienes acudan a un detective privado como única alternativa para descubrir qué estuviera pasando en la vida de su alegado. Si el investigado es menor de edad, será un asunto que dependerá de las autoridades y si es mayor de edad, será dueño de sus actos y voluntad mientras no se demuestre lo contrario (y entonces, dependerá de las autoridades).

        Desde luego, al legislativo parece no gustarle la existencia de detectives privados, pero nosotros no queremos agradar al legislativo, si no a nuestro cliente. Y en todos los casos, haremos lo posible, dentro de la legalidad, para que la investigación se realice. Hace algo más de un año, el fundador de la Orden y Mandato de San Miguel Arcángel, Miquel Rosendo fue detenido por la Guardia Civil acusado de asociación ilícita, blanqueo de capitales y abusos sexuales. Tipos delictivos cuyo parecido con los anteriores resulta sospechosamente evidente. La investigación, finalizada por la Benemérita fue iniciada por detectives privados quienes contratados por familiares de los adeptos se infilitraron en al organización, poniendo posteriormente a disposición de las autoridades las pruebas conseguidas y demostrando que lo que inicialmente parecía una inocente organización religiosa, escondía tras de sí una organización criminal. Y recuerde el lector la frase que daba inicio a este post: Las apariencias engañan…

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